UNIVERSIDAD DE SONORA
DIVISIÓN DE CIENCIAS ADMINISTRATIVAS,
CONTABLES Y AGROPECUARIAS
Perspectiva de la producción orgánica de hortalizas
en el municipio de Imuris, Sonora
TESIS
Maricela Duarte Medina
Santa Ana, Sonora Diciembre de 2005
sábado, 24 de marzo de 2007
RESUMEN
La agricultura orgánica es un sistema de producción en el cual se rechaza o excluye completamente el uso de los fertilizantes sintéticos, pesticidas y reguladores de crecimiento de la planta. En México la totalidad de la producción orgánica se destina a los mercados internacionales al no haber un mercado interno suficientemente activo para comercializar la producción nacional. La superficie sembrada con productos orgánicos en 1998 alcanzó cerca de las 50,000 hectáreas distribuidas en 25 estados de la República Mexicana. En Sonora existen pocas evidencias sobre la agricultura orgánica, ya que se conocen solo pequeñas áreas en el sur y norte del estado, y en algunos otros lugares como el Río de Sonora, y sierra baja del estado. Los objetivos de este trabajo fueron determinar la problemática de la producción orgánica de hortalizas en el municipio de Imuris; así como proponer alternativas de producción agrícola acorde a los resultados obtenidos. La investigación se llevó acabo en el municipio de Imuris, Sonora, la cual dio inicio en el mes de Mayo del 2004 y finalizó en Junio del 2005. Para cumplir con los objetivos de la investigación fue necesario hacer una extensa revisión bibliográfica, y aplicar encuestas a los productores de la región.
El municipio de imuris, Sonora cuenta con un total de 513 productores agrícolas, de los cuales el 73% cuentan con una superficie agrícola de una a tres hectáreas, el 20% de ellos cuenta con una superficie de cuatro a seis hectáreas y el 7% restante, tienen terrenos cuya superficie es entre 10 y 12 hectáreas.
De acuerdo a los resultados obtenidos, se pudo determinar que las hortalizas más producidas en el municipio son: cebolla, cilantro, lechuga, repollo, calabaza, acelgas, quelite blanco, espinaca, rábano, zanahoria, pepino, además del cultivo de maíz.
El municipio de imuris, Sonora cuenta con un total de 513 productores agrícolas, de los cuales el 73% cuentan con una superficie agrícola de una a tres hectáreas, el 20% de ellos cuenta con una superficie de cuatro a seis hectáreas y el 7% restante, tienen terrenos cuya superficie es entre 10 y 12 hectáreas.
De acuerdo a los resultados obtenidos, se pudo determinar que las hortalizas más producidas en el municipio son: cebolla, cilantro, lechuga, repollo, calabaza, acelgas, quelite blanco, espinaca, rábano, zanahoria, pepino, además del cultivo de maíz.
INTRODUCCION
La agricultura orgánica es un sistema de producción en el cual se rechaza o excluye completamente el uso de los fertilizantes sintéticos, pesticidas y reguladores de crecimiento de la planta. En los países subdesarrollados y en vías de desarrollo, debido a problemas económicos y a la falta de productos químicos, se utilizan abonos naturales para sus cultivos, no obstante, estos últimos son más aceptados en los países desarrollados como reacción a los sistemas de explotación intensiva o industrial. La agricultura orgánica se ha desarrollado más en el norte de Europa, sin embargo, Australia dedica cerca del 6% de sus tierras productivas a los cultivos biológicos.
En México, este tipo de agricultura es todavía incipiente, la totalidad de la producción orgánica se destina a los mercados internacionales al no haber un mercado interno suficientemente activo para realizar una producción nacional más extensiva. La superficie sembrada con cultivos orgánicos en 1998 alcanzó cerca de las 50,000 hectáreas distribuidas en 25 estados de la República Mexicana, los principales lugares de producción se encuentran en el sur del país y en partes aisladas del noroeste. En Sonora existen pocas evidencias sobre la agricultura orgánica ya que se conocen pequeñas áreas en el sur y norte del estado, y en algunos otros lugares como el Río de Sonora y sierra baja del estado.
La importancia de este trabajo radica en ciertas condiciones para el desarrollo de nuevas técnicas agrícolas que buscan promover relaciones sostenibles, con el fin de producir alimentos más sanos, inocuos y totalmente naturales que protejan la salud humana y potencien la protección del medio ambiente. Los problemas fundamentales de este sistema de cultivos se deben a la cantidad de normas y legislaciones diferentes y a la vez exigentes sobre los mismos. La materia vegetativa que se utiliza en esta labor esta formada por materiales frescos y orgánicos muertos de origen vegetal o animal, así como materia transformada por el producto final de descomposición llamados compuestos húmicos, que le sirven de alimento a los cultivos, de tal forma que estos productos no causan ningún daño al ser humano. Actualmente, los productores utilizan una gran cantidad de productos químicos para controlar enfermedades y plagas que se presentan en los cultivos, y sobre todo para obtener una mayor producción y que éstos adquieran características más favorables para la comercialización. Sin embargo, existen estudios donde se ha determinado que afectan en cierta medida la salud humana.
En la actualidad la demanda de alimentos de origen orgánico, por parte de los consumidores y la exigencia de un desarrollo más sostenible que demanda la sociedad y que ofrece nuevas oportunidades a agricultores y empresas de todo el mundo, ha incentivado a los productores a crear sistemas alternativos de producción de alimentos inocuos y sustentables. Los alimentos orgánicos y naturales han ganado un espacio importante en el mercado mundial, a través del desarrollo de sistemas de producción orgánica y de nuevas formas de comercialización. México no es ajeno a esta tendencia, aunque su papel más importante se ubica como productor y no como consumidor. Algunos pequeños productores han encontrado en el mercado agrícola orgánico una forma de obtener ingresos en un mercado en expansión y de precios más atractivos. Por lo tanto este trabajo de investigación, además de establecer la problemática de la producción orgánica de hortalizas, plantea la posibilidad de promover esta importante fuente de ingresos adicionales por el sobre precio de dichos productos orgánicos, así como la sustentabilidad de los recursos naturales.
Los objetivos de esta investigación fueron determinar la perspectiva de la producción y comercialización de hortalizas orgánicas en el municipio de Imuris; así como proponer alternativas de producción agrícola acorde a los resultados obtenidos.
En México, este tipo de agricultura es todavía incipiente, la totalidad de la producción orgánica se destina a los mercados internacionales al no haber un mercado interno suficientemente activo para realizar una producción nacional más extensiva. La superficie sembrada con cultivos orgánicos en 1998 alcanzó cerca de las 50,000 hectáreas distribuidas en 25 estados de la República Mexicana, los principales lugares de producción se encuentran en el sur del país y en partes aisladas del noroeste. En Sonora existen pocas evidencias sobre la agricultura orgánica ya que se conocen pequeñas áreas en el sur y norte del estado, y en algunos otros lugares como el Río de Sonora y sierra baja del estado.
La importancia de este trabajo radica en ciertas condiciones para el desarrollo de nuevas técnicas agrícolas que buscan promover relaciones sostenibles, con el fin de producir alimentos más sanos, inocuos y totalmente naturales que protejan la salud humana y potencien la protección del medio ambiente. Los problemas fundamentales de este sistema de cultivos se deben a la cantidad de normas y legislaciones diferentes y a la vez exigentes sobre los mismos. La materia vegetativa que se utiliza en esta labor esta formada por materiales frescos y orgánicos muertos de origen vegetal o animal, así como materia transformada por el producto final de descomposición llamados compuestos húmicos, que le sirven de alimento a los cultivos, de tal forma que estos productos no causan ningún daño al ser humano. Actualmente, los productores utilizan una gran cantidad de productos químicos para controlar enfermedades y plagas que se presentan en los cultivos, y sobre todo para obtener una mayor producción y que éstos adquieran características más favorables para la comercialización. Sin embargo, existen estudios donde se ha determinado que afectan en cierta medida la salud humana.
En la actualidad la demanda de alimentos de origen orgánico, por parte de los consumidores y la exigencia de un desarrollo más sostenible que demanda la sociedad y que ofrece nuevas oportunidades a agricultores y empresas de todo el mundo, ha incentivado a los productores a crear sistemas alternativos de producción de alimentos inocuos y sustentables. Los alimentos orgánicos y naturales han ganado un espacio importante en el mercado mundial, a través del desarrollo de sistemas de producción orgánica y de nuevas formas de comercialización. México no es ajeno a esta tendencia, aunque su papel más importante se ubica como productor y no como consumidor. Algunos pequeños productores han encontrado en el mercado agrícola orgánico una forma de obtener ingresos en un mercado en expansión y de precios más atractivos. Por lo tanto este trabajo de investigación, además de establecer la problemática de la producción orgánica de hortalizas, plantea la posibilidad de promover esta importante fuente de ingresos adicionales por el sobre precio de dichos productos orgánicos, así como la sustentabilidad de los recursos naturales.
Los objetivos de esta investigación fueron determinar la perspectiva de la producción y comercialización de hortalizas orgánicas en el municipio de Imuris; así como proponer alternativas de producción agrícola acorde a los resultados obtenidos.
REVISION DE LITERATURA
La agricultura orgánica en el mundo.
A nivel internacional, México ocupa el 18° lugar por superficie sembrada de cultivos orgánicos y el primero en la producción de café orgánico. Al interior del país, este sector es el subsector agrícola más dinámico, pues ha aumentado su superficie de 23,000 ha en 1996 a 216 mil para el año 2002, estimándose que para el 2004 cubrió las 400 mil ha. Esta agricultura es practicada por más de 120 mil productores, quienes en promedio cultivan 3.3 ha, siendo mayoritaria la participación de las organizaciones sociales de pequeños productores indígenas. Sin embargo cada vez es mayor el interés por parte de las grandes empresas privadas en incursionar en el sector orgánico, en particular en la producción hortícola y frutícola (Gómez et al., 2005).
En México existe un alto desconocimiento por parte de los consumidores de lo que son los productos orgánicos, aunque una vez que saben de su existencia manifiestan preferencia por los mismos. Las motivaciones de los consumidores mexicanos por los productos orgánicos son complejas y variadas. Estos sucesos denotan la necesidad de impulsar estrategias integrales que ayuden a la producción de alimentos sanos y de protección del medio ambiente, tendientes a promover el consumo interno y fomentar la producción orgánica y su comercialización a través de los canales adecuados, así como obtener apoyos que al igual que en los países desarrollados incentiven la producción (Padilla y Pérez, 2005).
Los productores orgánicos conquistan cada vez más rápido las estructuras de mercado de alimentos a nivel mundial. El mercado de los Estados Unidos registra el primer lugar en ventas de productos orgánicos con un valor de 11.75 mil millones de dólares en el 2002. El mercado alemán ocupa el segundo lugar con 3.06 mil millones de dólares, y el mercado británico el tercer lugar con un valor de 1.5 mil millones de dólares. El Cuadro 1 muestra las ventas de productos orgánicos de algunos países (Gómez et al., 2005).
Cuadro 1. Ingresos por venta de productos orgánicos de algunos países desarrollados, 2002.
País Valor de las ventas US $ miles
Estados Unidos 11,750
Alemania 3,300
Inglaterra 1,500
Italia 1,300
Francia 1,300
Suiza 766
Fuente: Willer y Yusseffi citados por Gómez et al. (2005).
Aun cuando la producción orgánica en México tiene potencial para beneficiar a productores y consumidores a nivel nacional, este se ve limitado por: 1) la falta de desarrollo del mercado interno a consecuencia de la desinformación de la población sobre los beneficios a la salud de la agricultura orgánica, 2) atomización y dispersión de la producción, 3) escasos puntos de venta y 4) ausencia de apoyos institucionales acorde a las necesidades locales y de los sobreprecios, razón por la que se exporta el 85% de la producción (Lobato et al., 2005).
La actividad productiva desarrollada por la agricultura orgánica no puede prescindir de la naturaleza, por lo que no se puede establecer una práctica agrícola sin una correcta comprensión del entorno, bajo esta misma premisa la agricultura orgánica propone tres principios fundamentales que globalicen el conocimiento de esta actividad inocua, los cuales son: 1) rechazo total de los productos químicos, 2) conservación y estímulo de la vida microbiana del suelo y 3) asociación y rotación de cultivos (Gobierno del Estado de Baja California Sur, 1997).
Agricultura sostenible.
La agricultura sostenible es una estrategia agrícola que pretende reducir el uso de productos químicos sin que disminuya el nivel de producción. Para ello, intenta hacer uso de métodos alternativos para fertilizar el suelo y de control de plagas que resulten menos dañinos para el ambiente que los agentes químicos hoy utilizados. No promueve la eliminación en sí de los productos químicos, sino una reducción de su empleo. Si se decide reducir el uso de abonos químicos comerciales y pesticidas sin perder productividad en las cosechas debe hacerse un aprovechamiento medido de los nutrientes del suelo (Devere, 2000).
Jiménez y Lamo (1998), definen a la agricultura sostenible como una gama de estrategias dirigidas a resolver muchos de los problemas que afligen a la agricultura actual. En tales problemas se incluye: 1) la pérdida de productividad de los suelos por erosión excesiva, asociada con pérdida de nutrientes, 2) la contaminación del agua superficial y subterránea por pesticidas y fertilizantes, 3) la falta de recursos no renovables y 4) la baja rentabilidad agrícola. La agricultura sostenible detiene el agotamiento y la destrucción de los recursos naturales y fomenta un aumento sostenible y ecológicamente viable de la producción agrícola.
La mayoría de los productores dedicados a la agricultura orgánica creen que el contenido de materia orgánica del suelo tiene una elevada correlación con la productividad del mismo y que el mantener niveles adecuados de materia orgánica es importante para el control de la erosión. Así, además de la incorporación de los residuos de las cosechas, hacen frecuentes aplicaciones de abonos de origen animal y vegetal y se establecen cultivos de cobertura para conservar la materia orgánica del suelo (Granados y López, 1996).
Vilá (1996) sostiene que las sociedades industrializadas modernas dilapidan grandes cantidades de recursos orgánicos que deberían servir para fertilizar los campos. Todos los residuos orgánicos de las ciudades modernas sin duda serán tratados como abonos orgánicos en el futuro, cuando los abonos químicos sean demasiado onerosos para la agricultura. La fertilidad del suelo se agota nutriendo a las ciudades que, en cambio, no devuelven más que contaminación a los campos en muy diversas formas. Es triste que en el campo se consuman abonos y pesticidas que ensucian y arruinan los suelos de los campos agrícolas, las ciudades con sus alcantarillas saturen ríos y costas con materias orgánicas que previa transformación, podrían restituirse al suelo y a los cultivos.
Uno de los mayores problemas ambientales que se presentan en los países subdesarrollados es la contaminación de suelos y cuerpos de agua superficiales por la presencia de materia orgánica. La causa fundamental de esto es la poca conciencia, tanto de las autoridades gubernamentales que se encargan del cuidado ambiental y de la prevención de la contaminación, como de los propietarios de empresas de giros contaminantes (industriales, agrícolas y ganaderas), que liberan al medio ambiente los desechos orgánicos sin control y/o sin tratamiento previo. La justificación que esgrimen los empresarios es el escaso presupuesto para gastos de aplicación de las leyes ambientales y el pequeño margen de utilidad que no les permite aplicar recursos económicos a la construcción y operación de plantas de tratamiento convencional de sus propios desechos orgánicos (Soqui, 2002).
La fertilidad física del suelo.
En la fertilidad física del suelo, la materia orgánica interviene en la formación y estabilidad de agregados por la acción de sustancias húmicas, polisacáridos, células microbianas y micelios de hongos, las cuales aumentan la capacidad de retención de humedad, así como la aireación y la entrada y circulación del agua (Porta et al., 1999).
Formación de humus.
El humus se forma durante la descomposición microbiana de los residuos vegetales y animales, por degradación de componentes celulares, y en la síntesis de ciertos productos por los organismos del suelo. El humus aumenta la capacidad autodepuradora del suelo al facilitar los mecanismos de solubilidad de la materia orgánica insoluble, unido ello a la capacidad de reducir la toxicidad de ciertos contaminantes, a la mejora en la habilidad de retención de agua, y a su poder de mantenimiento de grandes poblaciones de microorganismos (Seoánez, 1999).
La fertilidad de un suelo no depende tanto de un alto contenido de materia orgánica, sino de la velocidad con que evoluciona la descomposición de esa materia orgánica, que es lo que tiene efectos positivos sobre la fertilidad del suelo. Los suelos más fértiles son los que desintegran mucha materia orgánica y a la vez generan gran cantidad de humus, lo cual supone que reciben muchas aportaciones de residuos orgánicos. Por lo tanto, la fertilidad del suelo se relaciona más con el equilibrio húmico que con el contenido de materia orgánica (Fuentes, 1999).
La materia orgánica de los suelos.
El suelo de cultivo está formado por materias minerales y orgánicas. Puede decirse que, en tanto no aparecen estas últimas, el suelo no presenta las características adecuadas para ser soporte de la práctica agrícola. La materia orgánica aparece en el suelo natural como consecuencia de la actividad de los seres vivos y está constituida, en el sentido más amplio, por la mezcla de microorganismos y residuos de vegetales y animales superiores. En los suelos cultivados puede haber, además, aporte de materias orgánicas de origen y características muy diversas que vienen a sumarse a los residuos antes citados (Urbano, 1992).
Abonos orgánicos.
Las características generales de los abonos orgánicos en su composición compleja, normalmente contienen los principales elementos de los fertilizantes (nitrógeno, fósforo y potasio), combinados total o parcialmente en la forma orgánica. Dichos elementos se encuentran en la mayoría de los abonos orgánicos en distintas proporciones, no obstante, existen abonos orgánicos provistos, en cantidades apreciables, de uno, o de dos elementos solamente (Achille, 1969).
La lombricultura.
Gómez citado por Ruiz (2002), define a la lombricultura como una técnica propia de la agricultura orgánica, concebida como un sistema de producción que utiliza insumos naturales (desperdicios orgánicos), a fin de obtener productos libres de residuos tóxicos, como lo es el humus de lombriz. La importancia de la lombricultura en México radica en la producción de abono natural, en el uso de las lombrices como fuente de alimento para el ganado, en la reducción de los problemas de contaminación al utilizar residuos orgánicos, sean éstos agrícolas, industriales ó domésticos, y además contribuye a la autosuficiencia de los productores, ya que significa una fuente alternativa de ingresos.
La función de las lombrices.
Las lombrices constructoras de galerías desempeñan una misión importante en la transformación de los suelos. La presencia de las lombrices es un elemento esencial en el tratado de los suelos francos en climas templados. Además de mezclar directamente los componentes edáficos, realizan una función importante al incorporar la materia orgánica en general y enriquecer con nutrientes y humus la capa superior del suelo. Las lombrices hacen que el suelo y los residuos orgánicos recorran su intestino, la arcilla y la materia orgánica se mezclan íntimamente y se recubren de gomas orgánicas estabilizadoras y de calcio que segrega una glándula especial de su tracto digestivo. El resultado es el excremento de lombriz, el cual es utilizado como abono orgánico para la tierra, ya que le proporciona variados nutrientes a las plantas (Lampkin, 1998).
Tipos de abonos orgánicos.
El guano. Es el residuo o excremento de las aves marinas de las costas del pacífico, principalmente del Perú y de África, donde alcanza espesores de hasta 20 metros, debido a la acumulación durante siglos de estos excrementos. Este abono orgánico es muy rico en nitrógeno, que puede alcanzar niveles entre 5 y 14% y en fósforo soluble, del 9 al 14%. En zonas de poca lluvia (Perú), los guanos son más ricos en nitrógeno amoniacal (hasta 14%) con gran capacidad de mineralizarse, pasando a nitrógeno absorbible, a los cuales se les llama “nitroguanos”. En zonas de mayor lluvia, el nitrógeno es más bajo y son más elevados en fósforo soluble (hasta 14%) y se les llaman “fosfoguanos” (Vilá, 1996).
La gallinaza. Es una mezcla de excrementos semisólidos procedentes de gallinas, con o sin los materiales que se usan para cama en los gallineros, es un abono orgánico de composición heterogénea muy apreciado por su elevado contenido en elementos fertilizantes. La gallinaza procedente de granjas de gallinas ponedoras criadas sin cama, pierde parte de su agua secándose sobre el suelo o con un proceso acelerado de deshidratación. Una gallina produce alrededor de 20 kg de excremento por año, con 60% de materia seca. A pesar de ser un abono orgánico muy utilizado debe aportarse al suelo con cuidado, ya que puede originarse en exceso fenómenos de salinidad en los suelos y modificaciones cuantitativas en la comunidad microbiana edáfica (Labrador, 1996).
El estiércol. La palabra estiércol se emplea haciendo referencia a los desechos de todos los animales de la finca, aunque como regla general, la mayor parte del estiércol que moderadamente se coloca en el suelo es producido por el ganado vacuno. El estiércol es uno de los residuos orgánicos más importantes. Por su uso, parte de la porción no utilizable de los cultivos puede entrar en el suelo para ejercer allí una acción mucho más importante de lo que pudiera creerse por su contenido de nutrientes (Buckman y Brady, 1997). Estiércoles tradicionales de granja, son productos sólidos voluminosos en los que se han empleado paja u otros materiales orgánicos con el fin de absorber las excretas líquidas de los animales. Estiércoles líquidos, son conocidos generalmente como purinas, formados por excretas que han sido depositados directamente sobre el suelo compactado. Materiales orgánicos procesados, son producidos fuera de la explotación, los cuales después se aplican a la tierra. En este grupo se incluyen los lodos y residuos, las basuras de las ciudades y las algas marinas (Olea, 1997).
El compost. Es la mezcla de restos vegetales y animales, la cual se lleva a cabo con el propósito de acelerar el proceso de descomposición natural de los desechos orgánicos por una diversidad de microorganismos, en un medio húmedo, caliente y aireado que dá como resultado final una materia de alta calidad fertilizante. Cuando los desechos orgánicos son inoculados con microorganismos efectivos, se acelera el compostaje por medio de un proceso de fermentación, acelerando significativamente la obtención del abono orgánico para los cultivos (www.proexant.org.ec/abonos_organicos.html).
Los abonos vegetales. Son los que se consiguen enterrando, previa fermentación o sin ella restos de diversos vegetales, recursos de gran valor en una huerta por la gran cantidad de residuos que dejan al cabo de los años las intensas producciones en las que suele dominar la parte foliácea. El hortelano debe recoger y conservar con cuidado todos los desperdicios vegetales con los que podrá devolver al suelo parte de los elementos sustraídos por sucesivas cosechas (Alsina, 1976).
Formas de control de plagas.
Control biológico. Este método consiste en eliminar parásitos o insectos dañinos para el cultivo por medio de sus enemigos naturales. La manera de estimular el establecimiento de enemigos naturales en el sistema orgánico es por medio de la utilización de productos permitidos o bien con un manejo adecuado del cultivo y la influencia del ambiente en la dinámica de los insectos benéficos y la aplicación de microorganismos (Angulo y Núñez, 2002).
Control biológico clásico. Es una modalidad del control biológico, comúnmente entendido como la regulación de la población de plagas (insectos, ácaros, malezas) por un enemigo natural exótico (parásito, depredadores, patógenos), uno de los principios fundamentales en que se basa el control biológico clásico es que, muchas plagas fueron introducidas por accidente en nuevas regiones al estar introduciendo a un nuevo lugar los cultivos donde estos insectos se desarrollaron mientras que sus enemigos naturales nativos quedaron en el lugar de origen de la plaga (Bahena, 1992).
Rotación de cultivos. Producir el mismo cultivo en el mismo lugar por varios años, con frecuencia fomenta la presencia de poblaciones de plagas. Los cultivos deben ser rotados para conservar el suelo y proteger su fertilidad, esta práctica también puede ayudar a la disminución de plagas; como una medida de control de plagas, el cultivo rotado debe ser de especies de diferentes familias. La rotación de cultivos ejerce un efecto mayor en aquellas plagas que tienen un estrecho rango de plantas hospederas y movilidad limitada, lo cual significa que las plagas son incapaces de pasar de un cultivo a otro y que al mismo tiempo su limitada movilidad no les permite alcanzar plantas hospederas en otras áreas; especialmente si son incapaces de sobrevivir por largo tiempo en ausencia de las plantas específicas (Granados y López, 1996).
Inocuidad alimentaria.
Inocuidad alimentaria se puede definir como la reducción del riesgo para la salud humana, productos libres de gérmenes, substancias tóxicas y residuos químicos patógenos, y a la propagación de enfermedades o parásitos que puedan afectar la salud animal y vegetal. La inocuidad alimentaria en tiempos recientes ha tomado mayor fuerza y ha acaparado el interés de los agentes que participan en los procesos productivos agrícolas, debido a las nuevas reglamentaciones que los gobiernos nacionales, y en particular, los de Estados Unidos y México han adaptado al respecto, en un intento por ordenar el proceso productivo desde su primera fase, hasta el momento en que el producto llega a manos del consumidor final, por tal motivo la adopción del proceso de inocuidad alimentaria se presenta como una forma de mantener la competitividad de los productos hortícolas mexicanos, y permanecer así en el mercado internacional (Avendaño y Lugo, 2005).
En la medida en que los consumidores adquieren mayor conciencia sobre la importancia de consumir alimentos sanos y de calidad, demandarán a sus autoridades mayores controles sobre los alimentos que se producen en el país, así como los que se importan. Este tipo de controles se han traducido en medidas normativas o reglamentarias expedidas por las autoridades sanitarias de los países, las cuales tienen como finalidad proteger la salud de los consumidores (Trujillo, 2002).
Los principales estados exportadores de hortalizas en México son los del noroeste del país cuyos líderes son Sinaloa, Baja California, Sonora y Baja California Sur. Las prácticas agrícolas se han adaptado favorablemente a la producción orgánica que se ha convertido en una alternativa de desarrollo económico, la característica principal de los productos orgánicos es el sobreprecio que está dispuesto a pagar el consumidor final por un producto que sustituye en su obtención a los insumos convencionales por los naturales como insecticidas orgánicos, jabones, feromonas, trampas, insectos benéficos, entre otros (Gonzáles, 2002).
Certificación orgánica.
La certificación orgánica asegura el valor del producto. Al ser certificado un terreno, los productos que se obtendrán de él, podrán llevar el sello “orgánico”, con el cual se distinguirá entre un producto orgánico y un producto convencional. Además, la certificación le da confianza al consumidor. Al observar este sello en un producto, el consumidor puede estar seguro que el producto que comprará realmente es orgánico. También, esta certificación puede abrir nuevas oportunidades de exportación. Sin embargo, una de las razones más importantes de obtener la certificación es el hecho que la nueva ley de los EEUU, en el Programa Orgánico Nacional del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en Inglés), requiere que cualquier producto que lleve el sello “orgánico” sea certificado por una agencia acreditada por la misma institución.
El proceso de certificación comprende dos etapas: la inspección y la certificación. La inspección se refiere a la visita que efectúa el inspector para revisar, a nivel de empresa, las diferentes partes del proceso productivo orgánico, considerando: a) el proceso de producción, para lo cual realiza recorridos en las parcelas y sus alrededores, a efecto de verificar el cumplimento de las técnicas orgánicas; b) el acondicionamiento y/o procesamiento, que comprende la inspección de los tratamientos poscosecha (hortalizas, frutas, entre otros) y procesos (por ejemplo, en el caso del procesamiento del azúcar orgánica); y, c) el control administrativo, en donde se comprueban las cifras reportadas de productos orgánicos producidos y las ventas realizadas (Gómez et al., 2005).
Uno de los requisitos principales de la certificación orgánica bajo el Programa Orgánico Nacional es que el productor deberá desarrollar un plan para el sistema de producción o de manejo orgánico. Además, todo el terreno que sea certificado orgánico tiene que ser libre de aplicaciones de insumos prohibidos, según la Lista Nacional, por lo menos los últimos tres años antes de la cosecha que será certificada. La documentación es uno de los aspectos con más importancia en la certificación orgánica, por lo cual el productor deberá documentar todo lo relacionado con su producción. Dicha documentación forma parte de una auditoría formal, la cual es un requisito del Programa Orgánico Nacional. Esta auditoría deberá incluir documentación desde la preparación del terreno para el cultivo orgánico hasta la venta final del producto orgánico. La documentación necesaria para la auditoría formal es la siguiente: 1) la historia del terreno, la cual incluye todo los trabajos realizados por lo menos los últimos tres años antes de la cosecha orgánica que será certificada, 2) documentación que muestre la fuente de las semillas o los transplantes, 3) documentación de la cosecha y del rendimiento, 4) documentación de la limpieza de la maquinaria, en caso de usarse en ambos terrenos orgánicos y convencionales, 5) sistema de lotificación, 6) documentación de almacenaje, y 7) documentación de la venta y/o la distribución final del producto (Dhu, 2002).
Dentro de las características que distinguen a la agricultura orgánica destaca el hecho de que para participar en el mercado se tiene que certificar la producción. La forma de producir, procesar y comercializar debe basarse en normas previamente establecidas, y agencias de certificación tienen que verificar el cumplimiento de esas normas por parte de los productores, procesadores y comercializadores. En México, esta actividad de certificación la han venido realizando agencias certificadoras de los Estados Unidos y de Europa, y el alto costo de esta actividad es uno de los problemas más sentidos por los productores orgánicos (Sosa, 2002).
A nivel internacional, México ocupa el 18° lugar por superficie sembrada de cultivos orgánicos y el primero en la producción de café orgánico. Al interior del país, este sector es el subsector agrícola más dinámico, pues ha aumentado su superficie de 23,000 ha en 1996 a 216 mil para el año 2002, estimándose que para el 2004 cubrió las 400 mil ha. Esta agricultura es practicada por más de 120 mil productores, quienes en promedio cultivan 3.3 ha, siendo mayoritaria la participación de las organizaciones sociales de pequeños productores indígenas. Sin embargo cada vez es mayor el interés por parte de las grandes empresas privadas en incursionar en el sector orgánico, en particular en la producción hortícola y frutícola (Gómez et al., 2005).
En México existe un alto desconocimiento por parte de los consumidores de lo que son los productos orgánicos, aunque una vez que saben de su existencia manifiestan preferencia por los mismos. Las motivaciones de los consumidores mexicanos por los productos orgánicos son complejas y variadas. Estos sucesos denotan la necesidad de impulsar estrategias integrales que ayuden a la producción de alimentos sanos y de protección del medio ambiente, tendientes a promover el consumo interno y fomentar la producción orgánica y su comercialización a través de los canales adecuados, así como obtener apoyos que al igual que en los países desarrollados incentiven la producción (Padilla y Pérez, 2005).
Los productores orgánicos conquistan cada vez más rápido las estructuras de mercado de alimentos a nivel mundial. El mercado de los Estados Unidos registra el primer lugar en ventas de productos orgánicos con un valor de 11.75 mil millones de dólares en el 2002. El mercado alemán ocupa el segundo lugar con 3.06 mil millones de dólares, y el mercado británico el tercer lugar con un valor de 1.5 mil millones de dólares. El Cuadro 1 muestra las ventas de productos orgánicos de algunos países (Gómez et al., 2005).
Cuadro 1. Ingresos por venta de productos orgánicos de algunos países desarrollados, 2002.
País Valor de las ventas US $ miles
Estados Unidos 11,750
Alemania 3,300
Inglaterra 1,500
Italia 1,300
Francia 1,300
Suiza 766
Fuente: Willer y Yusseffi citados por Gómez et al. (2005).
Aun cuando la producción orgánica en México tiene potencial para beneficiar a productores y consumidores a nivel nacional, este se ve limitado por: 1) la falta de desarrollo del mercado interno a consecuencia de la desinformación de la población sobre los beneficios a la salud de la agricultura orgánica, 2) atomización y dispersión de la producción, 3) escasos puntos de venta y 4) ausencia de apoyos institucionales acorde a las necesidades locales y de los sobreprecios, razón por la que se exporta el 85% de la producción (Lobato et al., 2005).
La actividad productiva desarrollada por la agricultura orgánica no puede prescindir de la naturaleza, por lo que no se puede establecer una práctica agrícola sin una correcta comprensión del entorno, bajo esta misma premisa la agricultura orgánica propone tres principios fundamentales que globalicen el conocimiento de esta actividad inocua, los cuales son: 1) rechazo total de los productos químicos, 2) conservación y estímulo de la vida microbiana del suelo y 3) asociación y rotación de cultivos (Gobierno del Estado de Baja California Sur, 1997).
Agricultura sostenible.
La agricultura sostenible es una estrategia agrícola que pretende reducir el uso de productos químicos sin que disminuya el nivel de producción. Para ello, intenta hacer uso de métodos alternativos para fertilizar el suelo y de control de plagas que resulten menos dañinos para el ambiente que los agentes químicos hoy utilizados. No promueve la eliminación en sí de los productos químicos, sino una reducción de su empleo. Si se decide reducir el uso de abonos químicos comerciales y pesticidas sin perder productividad en las cosechas debe hacerse un aprovechamiento medido de los nutrientes del suelo (Devere, 2000).
Jiménez y Lamo (1998), definen a la agricultura sostenible como una gama de estrategias dirigidas a resolver muchos de los problemas que afligen a la agricultura actual. En tales problemas se incluye: 1) la pérdida de productividad de los suelos por erosión excesiva, asociada con pérdida de nutrientes, 2) la contaminación del agua superficial y subterránea por pesticidas y fertilizantes, 3) la falta de recursos no renovables y 4) la baja rentabilidad agrícola. La agricultura sostenible detiene el agotamiento y la destrucción de los recursos naturales y fomenta un aumento sostenible y ecológicamente viable de la producción agrícola.
La mayoría de los productores dedicados a la agricultura orgánica creen que el contenido de materia orgánica del suelo tiene una elevada correlación con la productividad del mismo y que el mantener niveles adecuados de materia orgánica es importante para el control de la erosión. Así, además de la incorporación de los residuos de las cosechas, hacen frecuentes aplicaciones de abonos de origen animal y vegetal y se establecen cultivos de cobertura para conservar la materia orgánica del suelo (Granados y López, 1996).
Vilá (1996) sostiene que las sociedades industrializadas modernas dilapidan grandes cantidades de recursos orgánicos que deberían servir para fertilizar los campos. Todos los residuos orgánicos de las ciudades modernas sin duda serán tratados como abonos orgánicos en el futuro, cuando los abonos químicos sean demasiado onerosos para la agricultura. La fertilidad del suelo se agota nutriendo a las ciudades que, en cambio, no devuelven más que contaminación a los campos en muy diversas formas. Es triste que en el campo se consuman abonos y pesticidas que ensucian y arruinan los suelos de los campos agrícolas, las ciudades con sus alcantarillas saturen ríos y costas con materias orgánicas que previa transformación, podrían restituirse al suelo y a los cultivos.
Uno de los mayores problemas ambientales que se presentan en los países subdesarrollados es la contaminación de suelos y cuerpos de agua superficiales por la presencia de materia orgánica. La causa fundamental de esto es la poca conciencia, tanto de las autoridades gubernamentales que se encargan del cuidado ambiental y de la prevención de la contaminación, como de los propietarios de empresas de giros contaminantes (industriales, agrícolas y ganaderas), que liberan al medio ambiente los desechos orgánicos sin control y/o sin tratamiento previo. La justificación que esgrimen los empresarios es el escaso presupuesto para gastos de aplicación de las leyes ambientales y el pequeño margen de utilidad que no les permite aplicar recursos económicos a la construcción y operación de plantas de tratamiento convencional de sus propios desechos orgánicos (Soqui, 2002).
La fertilidad física del suelo.
En la fertilidad física del suelo, la materia orgánica interviene en la formación y estabilidad de agregados por la acción de sustancias húmicas, polisacáridos, células microbianas y micelios de hongos, las cuales aumentan la capacidad de retención de humedad, así como la aireación y la entrada y circulación del agua (Porta et al., 1999).
Formación de humus.
El humus se forma durante la descomposición microbiana de los residuos vegetales y animales, por degradación de componentes celulares, y en la síntesis de ciertos productos por los organismos del suelo. El humus aumenta la capacidad autodepuradora del suelo al facilitar los mecanismos de solubilidad de la materia orgánica insoluble, unido ello a la capacidad de reducir la toxicidad de ciertos contaminantes, a la mejora en la habilidad de retención de agua, y a su poder de mantenimiento de grandes poblaciones de microorganismos (Seoánez, 1999).
La fertilidad de un suelo no depende tanto de un alto contenido de materia orgánica, sino de la velocidad con que evoluciona la descomposición de esa materia orgánica, que es lo que tiene efectos positivos sobre la fertilidad del suelo. Los suelos más fértiles son los que desintegran mucha materia orgánica y a la vez generan gran cantidad de humus, lo cual supone que reciben muchas aportaciones de residuos orgánicos. Por lo tanto, la fertilidad del suelo se relaciona más con el equilibrio húmico que con el contenido de materia orgánica (Fuentes, 1999).
La materia orgánica de los suelos.
El suelo de cultivo está formado por materias minerales y orgánicas. Puede decirse que, en tanto no aparecen estas últimas, el suelo no presenta las características adecuadas para ser soporte de la práctica agrícola. La materia orgánica aparece en el suelo natural como consecuencia de la actividad de los seres vivos y está constituida, en el sentido más amplio, por la mezcla de microorganismos y residuos de vegetales y animales superiores. En los suelos cultivados puede haber, además, aporte de materias orgánicas de origen y características muy diversas que vienen a sumarse a los residuos antes citados (Urbano, 1992).
Abonos orgánicos.
Las características generales de los abonos orgánicos en su composición compleja, normalmente contienen los principales elementos de los fertilizantes (nitrógeno, fósforo y potasio), combinados total o parcialmente en la forma orgánica. Dichos elementos se encuentran en la mayoría de los abonos orgánicos en distintas proporciones, no obstante, existen abonos orgánicos provistos, en cantidades apreciables, de uno, o de dos elementos solamente (Achille, 1969).
La lombricultura.
Gómez citado por Ruiz (2002), define a la lombricultura como una técnica propia de la agricultura orgánica, concebida como un sistema de producción que utiliza insumos naturales (desperdicios orgánicos), a fin de obtener productos libres de residuos tóxicos, como lo es el humus de lombriz. La importancia de la lombricultura en México radica en la producción de abono natural, en el uso de las lombrices como fuente de alimento para el ganado, en la reducción de los problemas de contaminación al utilizar residuos orgánicos, sean éstos agrícolas, industriales ó domésticos, y además contribuye a la autosuficiencia de los productores, ya que significa una fuente alternativa de ingresos.
La función de las lombrices.
Las lombrices constructoras de galerías desempeñan una misión importante en la transformación de los suelos. La presencia de las lombrices es un elemento esencial en el tratado de los suelos francos en climas templados. Además de mezclar directamente los componentes edáficos, realizan una función importante al incorporar la materia orgánica en general y enriquecer con nutrientes y humus la capa superior del suelo. Las lombrices hacen que el suelo y los residuos orgánicos recorran su intestino, la arcilla y la materia orgánica se mezclan íntimamente y se recubren de gomas orgánicas estabilizadoras y de calcio que segrega una glándula especial de su tracto digestivo. El resultado es el excremento de lombriz, el cual es utilizado como abono orgánico para la tierra, ya que le proporciona variados nutrientes a las plantas (Lampkin, 1998).
Tipos de abonos orgánicos.
El guano. Es el residuo o excremento de las aves marinas de las costas del pacífico, principalmente del Perú y de África, donde alcanza espesores de hasta 20 metros, debido a la acumulación durante siglos de estos excrementos. Este abono orgánico es muy rico en nitrógeno, que puede alcanzar niveles entre 5 y 14% y en fósforo soluble, del 9 al 14%. En zonas de poca lluvia (Perú), los guanos son más ricos en nitrógeno amoniacal (hasta 14%) con gran capacidad de mineralizarse, pasando a nitrógeno absorbible, a los cuales se les llama “nitroguanos”. En zonas de mayor lluvia, el nitrógeno es más bajo y son más elevados en fósforo soluble (hasta 14%) y se les llaman “fosfoguanos” (Vilá, 1996).
La gallinaza. Es una mezcla de excrementos semisólidos procedentes de gallinas, con o sin los materiales que se usan para cama en los gallineros, es un abono orgánico de composición heterogénea muy apreciado por su elevado contenido en elementos fertilizantes. La gallinaza procedente de granjas de gallinas ponedoras criadas sin cama, pierde parte de su agua secándose sobre el suelo o con un proceso acelerado de deshidratación. Una gallina produce alrededor de 20 kg de excremento por año, con 60% de materia seca. A pesar de ser un abono orgánico muy utilizado debe aportarse al suelo con cuidado, ya que puede originarse en exceso fenómenos de salinidad en los suelos y modificaciones cuantitativas en la comunidad microbiana edáfica (Labrador, 1996).
El estiércol. La palabra estiércol se emplea haciendo referencia a los desechos de todos los animales de la finca, aunque como regla general, la mayor parte del estiércol que moderadamente se coloca en el suelo es producido por el ganado vacuno. El estiércol es uno de los residuos orgánicos más importantes. Por su uso, parte de la porción no utilizable de los cultivos puede entrar en el suelo para ejercer allí una acción mucho más importante de lo que pudiera creerse por su contenido de nutrientes (Buckman y Brady, 1997). Estiércoles tradicionales de granja, son productos sólidos voluminosos en los que se han empleado paja u otros materiales orgánicos con el fin de absorber las excretas líquidas de los animales. Estiércoles líquidos, son conocidos generalmente como purinas, formados por excretas que han sido depositados directamente sobre el suelo compactado. Materiales orgánicos procesados, son producidos fuera de la explotación, los cuales después se aplican a la tierra. En este grupo se incluyen los lodos y residuos, las basuras de las ciudades y las algas marinas (Olea, 1997).
El compost. Es la mezcla de restos vegetales y animales, la cual se lleva a cabo con el propósito de acelerar el proceso de descomposición natural de los desechos orgánicos por una diversidad de microorganismos, en un medio húmedo, caliente y aireado que dá como resultado final una materia de alta calidad fertilizante. Cuando los desechos orgánicos son inoculados con microorganismos efectivos, se acelera el compostaje por medio de un proceso de fermentación, acelerando significativamente la obtención del abono orgánico para los cultivos (www.proexant.org.ec/abonos_organicos.html).
Los abonos vegetales. Son los que se consiguen enterrando, previa fermentación o sin ella restos de diversos vegetales, recursos de gran valor en una huerta por la gran cantidad de residuos que dejan al cabo de los años las intensas producciones en las que suele dominar la parte foliácea. El hortelano debe recoger y conservar con cuidado todos los desperdicios vegetales con los que podrá devolver al suelo parte de los elementos sustraídos por sucesivas cosechas (Alsina, 1976).
Formas de control de plagas.
Control biológico. Este método consiste en eliminar parásitos o insectos dañinos para el cultivo por medio de sus enemigos naturales. La manera de estimular el establecimiento de enemigos naturales en el sistema orgánico es por medio de la utilización de productos permitidos o bien con un manejo adecuado del cultivo y la influencia del ambiente en la dinámica de los insectos benéficos y la aplicación de microorganismos (Angulo y Núñez, 2002).
Control biológico clásico. Es una modalidad del control biológico, comúnmente entendido como la regulación de la población de plagas (insectos, ácaros, malezas) por un enemigo natural exótico (parásito, depredadores, patógenos), uno de los principios fundamentales en que se basa el control biológico clásico es que, muchas plagas fueron introducidas por accidente en nuevas regiones al estar introduciendo a un nuevo lugar los cultivos donde estos insectos se desarrollaron mientras que sus enemigos naturales nativos quedaron en el lugar de origen de la plaga (Bahena, 1992).
Rotación de cultivos. Producir el mismo cultivo en el mismo lugar por varios años, con frecuencia fomenta la presencia de poblaciones de plagas. Los cultivos deben ser rotados para conservar el suelo y proteger su fertilidad, esta práctica también puede ayudar a la disminución de plagas; como una medida de control de plagas, el cultivo rotado debe ser de especies de diferentes familias. La rotación de cultivos ejerce un efecto mayor en aquellas plagas que tienen un estrecho rango de plantas hospederas y movilidad limitada, lo cual significa que las plagas son incapaces de pasar de un cultivo a otro y que al mismo tiempo su limitada movilidad no les permite alcanzar plantas hospederas en otras áreas; especialmente si son incapaces de sobrevivir por largo tiempo en ausencia de las plantas específicas (Granados y López, 1996).
Inocuidad alimentaria.
Inocuidad alimentaria se puede definir como la reducción del riesgo para la salud humana, productos libres de gérmenes, substancias tóxicas y residuos químicos patógenos, y a la propagación de enfermedades o parásitos que puedan afectar la salud animal y vegetal. La inocuidad alimentaria en tiempos recientes ha tomado mayor fuerza y ha acaparado el interés de los agentes que participan en los procesos productivos agrícolas, debido a las nuevas reglamentaciones que los gobiernos nacionales, y en particular, los de Estados Unidos y México han adaptado al respecto, en un intento por ordenar el proceso productivo desde su primera fase, hasta el momento en que el producto llega a manos del consumidor final, por tal motivo la adopción del proceso de inocuidad alimentaria se presenta como una forma de mantener la competitividad de los productos hortícolas mexicanos, y permanecer así en el mercado internacional (Avendaño y Lugo, 2005).
En la medida en que los consumidores adquieren mayor conciencia sobre la importancia de consumir alimentos sanos y de calidad, demandarán a sus autoridades mayores controles sobre los alimentos que se producen en el país, así como los que se importan. Este tipo de controles se han traducido en medidas normativas o reglamentarias expedidas por las autoridades sanitarias de los países, las cuales tienen como finalidad proteger la salud de los consumidores (Trujillo, 2002).
Los principales estados exportadores de hortalizas en México son los del noroeste del país cuyos líderes son Sinaloa, Baja California, Sonora y Baja California Sur. Las prácticas agrícolas se han adaptado favorablemente a la producción orgánica que se ha convertido en una alternativa de desarrollo económico, la característica principal de los productos orgánicos es el sobreprecio que está dispuesto a pagar el consumidor final por un producto que sustituye en su obtención a los insumos convencionales por los naturales como insecticidas orgánicos, jabones, feromonas, trampas, insectos benéficos, entre otros (Gonzáles, 2002).
Certificación orgánica.
La certificación orgánica asegura el valor del producto. Al ser certificado un terreno, los productos que se obtendrán de él, podrán llevar el sello “orgánico”, con el cual se distinguirá entre un producto orgánico y un producto convencional. Además, la certificación le da confianza al consumidor. Al observar este sello en un producto, el consumidor puede estar seguro que el producto que comprará realmente es orgánico. También, esta certificación puede abrir nuevas oportunidades de exportación. Sin embargo, una de las razones más importantes de obtener la certificación es el hecho que la nueva ley de los EEUU, en el Programa Orgánico Nacional del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en Inglés), requiere que cualquier producto que lleve el sello “orgánico” sea certificado por una agencia acreditada por la misma institución.
El proceso de certificación comprende dos etapas: la inspección y la certificación. La inspección se refiere a la visita que efectúa el inspector para revisar, a nivel de empresa, las diferentes partes del proceso productivo orgánico, considerando: a) el proceso de producción, para lo cual realiza recorridos en las parcelas y sus alrededores, a efecto de verificar el cumplimento de las técnicas orgánicas; b) el acondicionamiento y/o procesamiento, que comprende la inspección de los tratamientos poscosecha (hortalizas, frutas, entre otros) y procesos (por ejemplo, en el caso del procesamiento del azúcar orgánica); y, c) el control administrativo, en donde se comprueban las cifras reportadas de productos orgánicos producidos y las ventas realizadas (Gómez et al., 2005).
Uno de los requisitos principales de la certificación orgánica bajo el Programa Orgánico Nacional es que el productor deberá desarrollar un plan para el sistema de producción o de manejo orgánico. Además, todo el terreno que sea certificado orgánico tiene que ser libre de aplicaciones de insumos prohibidos, según la Lista Nacional, por lo menos los últimos tres años antes de la cosecha que será certificada. La documentación es uno de los aspectos con más importancia en la certificación orgánica, por lo cual el productor deberá documentar todo lo relacionado con su producción. Dicha documentación forma parte de una auditoría formal, la cual es un requisito del Programa Orgánico Nacional. Esta auditoría deberá incluir documentación desde la preparación del terreno para el cultivo orgánico hasta la venta final del producto orgánico. La documentación necesaria para la auditoría formal es la siguiente: 1) la historia del terreno, la cual incluye todo los trabajos realizados por lo menos los últimos tres años antes de la cosecha orgánica que será certificada, 2) documentación que muestre la fuente de las semillas o los transplantes, 3) documentación de la cosecha y del rendimiento, 4) documentación de la limpieza de la maquinaria, en caso de usarse en ambos terrenos orgánicos y convencionales, 5) sistema de lotificación, 6) documentación de almacenaje, y 7) documentación de la venta y/o la distribución final del producto (Dhu, 2002).
Dentro de las características que distinguen a la agricultura orgánica destaca el hecho de que para participar en el mercado se tiene que certificar la producción. La forma de producir, procesar y comercializar debe basarse en normas previamente establecidas, y agencias de certificación tienen que verificar el cumplimiento de esas normas por parte de los productores, procesadores y comercializadores. En México, esta actividad de certificación la han venido realizando agencias certificadoras de los Estados Unidos y de Europa, y el alto costo de esta actividad es uno de los problemas más sentidos por los productores orgánicos (Sosa, 2002).
MATERIAL Y METODOS
El municipio de Imuris, donde se llevó a cabo el estudio, esta ubicado en la zona norte del estado de Sonora, su cabecera es la población de Imuris y colinda al norte con Nogales y Santa Cruz, al este con Cananea, al sureste con Arizpe, al sur con Cucurpe y al oeste con Magdalena. Se encuentra a los 31° 21’ de Latitud Norte y a los 109° 56’ de Longitud Oeste y a una altitud sobre el nivel del mar de 840 m. El estudio inició en el mes de Mayo de 2004 y finalizó en Junio de 2005. Para cumplir con los objetivos de la investigación fue necesario recopilar información de libros, revistas, Internet, tesis, folletos, y algunas otras fuentes. Se visitó la biblioteca del Departamento de Agricultura y Ganadería de la Universidad de Sonora, en la ciudad de Hermosillo, Sonora, al igual que otras instituciones, para recopilar información. Se solicitó información en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), ubicada en la ciudad de Magdalena de Kino, Sonora, sobre la superficie agrícola del municipio de Imuris, Sonora y algunos otros datos que fueron necesarios para el trabajo que se desarrolló, tales como propietarios de predios agrícolas y sus correspondientes superficies; además, de los cultivos más representativos que se explotan en la región. Para efectos de este estudio se aplicaron 46 encuestas que representan el 9% del total de productores agrícolas de este municipio. Por medio de las encuestas se obtuvo información sobre los sistemas de agricultura que se realizan y los cultivos que normalmente se siembran, acerca del conocimiento de la producción orgánica de hortalizas y sobre los beneficios que proporciona la agricultura orgánica tanto para la salud humana como al medio ambiente. Al momento de aplicar las encuestas se les proporcionó información a los productores sobre lo que es la producción orgánica y se planteó la idea si estuviesen interesados en llevar a cabo este tipo de agricultura. Una vez aplicadas todas las encuestas se concentraron y analizaron las respuestas de cada una de las preguntas y se obtuvieron los resultados y las conclusiones más pertinentes.
RESULTADOS Y DISCUSION
De acuerdo a la información obtenida de la SAGARPA, el municipio de Imuris cuenta con una superficie de 1,710.34 km2, de la cual 2,585 ha corresponden a terreno agrícola y de éstas, 2,465 ha son de riego y las restantes 120 ha son de temporal. El clima predominante es de tipo seco, estepa caliente con lluvias escasas, su topografía se divide en zonas accidentadas, semiplanas, planas; estas últimas son utilizadas para la agricultura de riego, mientras que el resto del terreno, el cual presenta una topografía más accidentada se dedica a la explotación extensiva de ganado bovino, principalmente.
El municipio de Imuris cuenta con un total de 513 productores agrícolas, de los cuales el 73% cuentan con una superficie agrícola de 1 a 3 ha, el 20%, cuenta con una superficie de 4 a 6 ha y el 7% restante tienen terrenos cuya superficie es entre 10 y 12 ha.
De acuerdo a los resultados obtenidos, se pudo determinar que las hortalizas más producidas en el municipio son: cebolla, cilantro, lechuga, repollo, calabaza, acelgas, quelite blanco, espinaca, rábano, zanahoria, pepino, además del cultivo de maíz.
Así mismo, no se encontró ningún productor que se dedique exclusivamente a la producción de hortalizas orgánicas, los agricultores utilizan abonos naturales para sus cultivos e inclusive hay productores que no aplican ningún producto químico es sus siembras, pero como no están certificados como orgánicos ni cumplen con todos los requisitos para estas técnicas de producción, no se puede decir que son productores orgánicos, además de que no se encuentran registrados como tales.
De igual forma se determinó, que del total de los productores encuestados el 64.5% utilizan una combinación de abonos químicos y orgánicos para fertilizar y llevar a cabo las siembras y de esta forma proporcionar más nutrientes al suelo. Los abonos naturales, proporcionan materia orgánica al suelo; mientras que los fertilizantes deterioran la fertilidad del mismo por su constante uso en los cultivos. El 35.5% de los productores utilizan únicamente productos químicos para llevar a cabo estas mismas prácticas en sus cultivos, ellos no tratan de adicionar más nutrientes al terreno por medio de abonos naturales. El 45% de los productores agrícolas de Imuris, tienen conocimiento sobre la producción orgánica de hortalizas, cuentan con las ideas básicas para desarrollar este tipo de agricultura; otra parte de los productores, que representan el 48.5%, respondieron que su conocimiento sobre estas técnicas son muy escasos, pero si tienen la idea de cómo se puede llevar acabo, el 6.5% de los productores no tienen ningún conocimiento sobre lo que es la producción orgánica de hortalizas, de igual forma no saben como la podrían desarrollar.
De acuerdo a los resultados obtenidos por medio de las encuestas aplicadas, se determino que el 48% de los agricultores han llevado acabo alguna vez la agricultura orgánica en pequeñas áreas que están libres de residuos químicos y de la aplicación de substancias toxicas, ya sea en su campo agrícola o en el jardín de su casa. La producción obtenida en esas áreas solamente es para consumo familiar. Algunos de estos productores la han realizado debido a que no cuentan con los recursos económicos para comprar productos químicos y otros productores porque están concientes que los productos químicos causan daños a la salud humana. Además, se encontró que el 52% de los productores no la han desarrollado, ya que ellos se dedican a la agricultura tradicional.
El 38% de los productores dijeron que actualmente están llevando a cabo la producción orgánica de hortalizas en pequeñas áreas de los terrenos de cultivo o en el traspatio de sus hogares, en forma complementaria al estilo tradicional de los productores hortícolas en el municipio de Imuris, Sonora; mientras que el 62% de ellos dijeron no practicar la agricultura orgánica.
De acuerdo a la información recabada en el presente trabajo de investigación, se pudo determinar a grandes rasgos, que la perspectiva sobre la producción orgánica de hortalizas en el municipio de Imuris, de acuerdo a los propios productores es que están interesados en este sistema sustentable de agricultura, debido a que se detectaron varios factores importantes en esta alternativa de producción y que hacen que ésta se pueda apreciar de manera favorable, ya que el 71% de los productores entrevistados respondieron que sí están interesados y les gustaría llevar acabo estas técnicas de producción, debido a que les beneficiaria en varios aspectos como son la salud humana y lo económico entre otros. Además, considerando que el mercado estadounidense se ubica cerca del citado municipio, lo cual facilitaría la comercialización de los productos orgánicos. Por lo contrario, el 29% de los agricultores dijeron no estar interesados en este tipo de agricultura, que no obtendrían una mayor producción con este sistema, que es lo que más les interesa a ellos; además, de que no cuentan con los recursos económicos necesarios para poderlo desarrollar, debido a que los costos serían más elevados por la aplicación de abonos y formas de controlar plagas. Asimismo, expresaron no tener los conocimientos acerca los mercados alternos para vender estos productos. Adicionalmente, los productores manifestaron que su percepción, es que los consumidores nacionales y regionales no estarían interesados en comprar productos más caros, lo cual es un factor desfavorable para ellos al dedicarse a la producción orgánica de hortalizas.
El municipio de Imuris cuenta con un total de 513 productores agrícolas, de los cuales el 73% cuentan con una superficie agrícola de 1 a 3 ha, el 20%, cuenta con una superficie de 4 a 6 ha y el 7% restante tienen terrenos cuya superficie es entre 10 y 12 ha.
De acuerdo a los resultados obtenidos, se pudo determinar que las hortalizas más producidas en el municipio son: cebolla, cilantro, lechuga, repollo, calabaza, acelgas, quelite blanco, espinaca, rábano, zanahoria, pepino, además del cultivo de maíz.
Así mismo, no se encontró ningún productor que se dedique exclusivamente a la producción de hortalizas orgánicas, los agricultores utilizan abonos naturales para sus cultivos e inclusive hay productores que no aplican ningún producto químico es sus siembras, pero como no están certificados como orgánicos ni cumplen con todos los requisitos para estas técnicas de producción, no se puede decir que son productores orgánicos, además de que no se encuentran registrados como tales.
De igual forma se determinó, que del total de los productores encuestados el 64.5% utilizan una combinación de abonos químicos y orgánicos para fertilizar y llevar a cabo las siembras y de esta forma proporcionar más nutrientes al suelo. Los abonos naturales, proporcionan materia orgánica al suelo; mientras que los fertilizantes deterioran la fertilidad del mismo por su constante uso en los cultivos. El 35.5% de los productores utilizan únicamente productos químicos para llevar a cabo estas mismas prácticas en sus cultivos, ellos no tratan de adicionar más nutrientes al terreno por medio de abonos naturales. El 45% de los productores agrícolas de Imuris, tienen conocimiento sobre la producción orgánica de hortalizas, cuentan con las ideas básicas para desarrollar este tipo de agricultura; otra parte de los productores, que representan el 48.5%, respondieron que su conocimiento sobre estas técnicas son muy escasos, pero si tienen la idea de cómo se puede llevar acabo, el 6.5% de los productores no tienen ningún conocimiento sobre lo que es la producción orgánica de hortalizas, de igual forma no saben como la podrían desarrollar.
De acuerdo a los resultados obtenidos por medio de las encuestas aplicadas, se determino que el 48% de los agricultores han llevado acabo alguna vez la agricultura orgánica en pequeñas áreas que están libres de residuos químicos y de la aplicación de substancias toxicas, ya sea en su campo agrícola o en el jardín de su casa. La producción obtenida en esas áreas solamente es para consumo familiar. Algunos de estos productores la han realizado debido a que no cuentan con los recursos económicos para comprar productos químicos y otros productores porque están concientes que los productos químicos causan daños a la salud humana. Además, se encontró que el 52% de los productores no la han desarrollado, ya que ellos se dedican a la agricultura tradicional.
El 38% de los productores dijeron que actualmente están llevando a cabo la producción orgánica de hortalizas en pequeñas áreas de los terrenos de cultivo o en el traspatio de sus hogares, en forma complementaria al estilo tradicional de los productores hortícolas en el municipio de Imuris, Sonora; mientras que el 62% de ellos dijeron no practicar la agricultura orgánica.
De acuerdo a la información recabada en el presente trabajo de investigación, se pudo determinar a grandes rasgos, que la perspectiva sobre la producción orgánica de hortalizas en el municipio de Imuris, de acuerdo a los propios productores es que están interesados en este sistema sustentable de agricultura, debido a que se detectaron varios factores importantes en esta alternativa de producción y que hacen que ésta se pueda apreciar de manera favorable, ya que el 71% de los productores entrevistados respondieron que sí están interesados y les gustaría llevar acabo estas técnicas de producción, debido a que les beneficiaria en varios aspectos como son la salud humana y lo económico entre otros. Además, considerando que el mercado estadounidense se ubica cerca del citado municipio, lo cual facilitaría la comercialización de los productos orgánicos. Por lo contrario, el 29% de los agricultores dijeron no estar interesados en este tipo de agricultura, que no obtendrían una mayor producción con este sistema, que es lo que más les interesa a ellos; además, de que no cuentan con los recursos económicos necesarios para poderlo desarrollar, debido a que los costos serían más elevados por la aplicación de abonos y formas de controlar plagas. Asimismo, expresaron no tener los conocimientos acerca los mercados alternos para vender estos productos. Adicionalmente, los productores manifestaron que su percepción, es que los consumidores nacionales y regionales no estarían interesados en comprar productos más caros, lo cual es un factor desfavorable para ellos al dedicarse a la producción orgánica de hortalizas.
CONLUCIONES
La perspectiva sobre la producción orgánica de hortalizas en el municipio de Imuris, Sonora, de acuerdo a los resultados obtenidos durante el estudio se pudo determinar que es favorable, debido a que dicho municipio cuenta con ciertas ventajas para este tipo de agricultura como son: la cercanía con el mercado estadounidense, la calidad de los terrenos agrícolas y la disposición de los productores por desarrollar estas técnicas de producción, además de que presenta un clima apropiado para adoptar esta tecnología.
A los productores de Imuris, les faltan conocimientos sobre la agricultura orgánica, los beneficios que esta proporciona y sobre las utilidades adicionales que puedan obtener, pero sobre todo acerca de los canales de comercialización, principalmente los de exportación.
Los productores de dicho municipio requieren de asesoría, motivación y sobre todo que les proporcionen mayor información sobre la producción orgánica, la tendencia de la agricultura convencional hacia la agricultura orgánica, que conozcan los beneficios que proporcionan estas técnicas de producción a la salud humana, medio ambiente y a ellos mismos como productores.
Es necesario que se realicen estudios de viabilidad y rentabilidad económica más a fondo para proporcionar a los productores un marco de referencia más realista sobre los costos de producción y mantenimiento, así como los rendimientos aproximados que se pueden obtener al desarrollar la producción orgánica de hortalizas y la factibilidad de comercializar sus productos a precios más atractivos, y determinar con mayor seguridad si es favorable para el productor desarrollar esta técnicas de producción.
Se recomienda la realización de estudios más profundos de mercado para este tipo de productos, principalmente el de exportación, sin olvidar las perspectivas a futuro del mercado doméstico, ya que en el sector de producción orgánica de hortalizas se visualiza un buen futuro. También, es importante hacerles llegar a los productores, información más detallada sobre esta tecnología y sobre los beneficios que se podrían obtener si se organizan para trabajar en conjunto en la actividad orgánica.
Además, buscar soporte de programas institucionales para el impulso de la producción orgánica de hortalizas, en donde se asesore al productor y se le apoye con las herramientas y recursos necesarios para que pueda obtener mayor producción y mejor calidad en los alimentos.
Uno de los principales problemas que visualizan los productores del municipio de Imuris, Sonora es la comercialización de los productos orgánicos, por lo que es necesario crear la cultura en el consumidor sobre la importancia que representa para la salud humana consumir productos naturales, con el fin de promover nuevos mercados nacionales y de exportación.
A los productores de Imuris, se les recomienda la alternativa de producción de cambiar la agricultura tradicional por la producción orgánica, ya que esto representa una opción inocua y de mayores utilidades.
A los productores de Imuris, les faltan conocimientos sobre la agricultura orgánica, los beneficios que esta proporciona y sobre las utilidades adicionales que puedan obtener, pero sobre todo acerca de los canales de comercialización, principalmente los de exportación.
Los productores de dicho municipio requieren de asesoría, motivación y sobre todo que les proporcionen mayor información sobre la producción orgánica, la tendencia de la agricultura convencional hacia la agricultura orgánica, que conozcan los beneficios que proporcionan estas técnicas de producción a la salud humana, medio ambiente y a ellos mismos como productores.
Es necesario que se realicen estudios de viabilidad y rentabilidad económica más a fondo para proporcionar a los productores un marco de referencia más realista sobre los costos de producción y mantenimiento, así como los rendimientos aproximados que se pueden obtener al desarrollar la producción orgánica de hortalizas y la factibilidad de comercializar sus productos a precios más atractivos, y determinar con mayor seguridad si es favorable para el productor desarrollar esta técnicas de producción.
Se recomienda la realización de estudios más profundos de mercado para este tipo de productos, principalmente el de exportación, sin olvidar las perspectivas a futuro del mercado doméstico, ya que en el sector de producción orgánica de hortalizas se visualiza un buen futuro. También, es importante hacerles llegar a los productores, información más detallada sobre esta tecnología y sobre los beneficios que se podrían obtener si se organizan para trabajar en conjunto en la actividad orgánica.
Además, buscar soporte de programas institucionales para el impulso de la producción orgánica de hortalizas, en donde se asesore al productor y se le apoye con las herramientas y recursos necesarios para que pueda obtener mayor producción y mejor calidad en los alimentos.
Uno de los principales problemas que visualizan los productores del municipio de Imuris, Sonora es la comercialización de los productos orgánicos, por lo que es necesario crear la cultura en el consumidor sobre la importancia que representa para la salud humana consumir productos naturales, con el fin de promover nuevos mercados nacionales y de exportación.
A los productores de Imuris, se les recomienda la alternativa de producción de cambiar la agricultura tradicional por la producción orgánica, ya que esto representa una opción inocua y de mayores utilidades.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Achille, G. 1969. Agronomía. Ed. Aedos-Barcelona. Barcelona. p. 169.
Alsina, G. L. 1976. Horticultura general. Ed. Síntesis S. A. España. p. 108.
Angulo, B. A. y C. R. Núñez. 2002. Control de plagas y enfermedades. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Agosto 31. Ed. Agro síntesis, S. A. de C. V. pp. 22-27.
Avendaño, R. B y M. S. Lugo. 2005. El impacto de la inocuidad alimentaria en la producción de hortalizas en Baja California. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Bahena, J. F. 1992. Liberación y parasitismo de copidosoma densantis (Hymenoptera encytidae). Ed. Imprenta Santiago Plaza Tek. Texcoco, México. pp. 18-19.
Buckman, O. H y N. C. Brady. 1997. Naturaleza y propiedades de los suelos. Ed. Montaner y Simón. España. p. 528.
Devere, B. L. 2000. Agrociencia y tecnología. Ed. Paraninfo Madrid. España. pp. 122-123.
Dhu, D. M. 2002. La certificación orgánica y la exportación de productos orgánicos a los Estados Unidos. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Ed. Agro síntesis, S. A. de C. V. México, D. F. pp. 18-22.
Fuentes, Y. J. L. 1999. Manual práctico sobre utilización de suelo y fertilizantes. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 52-53.
Gobierno del Estado de Baja California Sur. 1997. Agricultura orgánica. Universidad Autónoma de Baja California Sur. México. p. 7.
Gonzáles, N. J. F. 2002. El impacto de la inocuidad alimentaria de EE UU. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Ed. Agro Síntesis, S. A. de C. V. México, D. F. p. 6.
Gómez, T. L., C. M. Gómez y G. A. Lobato. 2005. La agricultura orgánica en el estado de Sinaloa. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Granados, S. D. y R. G. López. 1996. Agroecología. Universidad Autónoma Chapingo. 1ra. edición. México. pp. 368-369.
Jiménez, D. R. M y E. J. Lamo. 1998. Agricultura sostenible. Ed. Mundi-prensa. España. p. 35.
Labrador, M. J. 1996. La materia orgánica en los agrosistemas. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 104-106 y 295-296.
Lampkin, N. 1998. Nueva agricultura biológica. Ed. Mundi-prensa. 2da edición. España. p. 363.
Lobato, G. A. J., C. M. Gómez, T. L. Gómez y A. Meraz. 2005. Los productos hortofrutícolas y la red mexicana de tianguis y mercados orgánicos. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Olea, B. H. 1997. Perspectiva de la agricultura orgánica en la producción de hortalizas. Tesis. Universidad de Sonora. p. 16.
Padilla, B. L. E y V. O. Pérez. 2005. Detectando las preferencias del consumidor regional de Frutas y Hortalizas orgánicas. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Porta, J., M. López y C. R. Acevedo. 1999. Edafología para la agricultura y el medio ambiente. Ed. Mundi-Prensa. 2da edición. España. p. 184.
Ruiz, R. D. M. 2002. La lombricultura como una alternativa sustentable y económica para la transformación y reutilización de los desechos orgánicos. Tesis. Universidad de Sonora. p. 7.
Seoánez, C. M. 1999. Residuos: problemática, descripción, manejo, aprovechamiento y destrucción. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 52-53.
Soqui, L. A. 2002. Digestión anaeróbica de desechos orgánicos: reciclaje integral. Revista Biotecnia. Vol. 4. Hermosillo, Sonora. pp. 34-38.
Sosa, M. L. 2002. Certimex: una experiencia mexicana de certificación de productos y procesos ecológicos. Seminario latinoamericano: producción, comercialización y certificación en agricultura orgánica. 1ra edición. CIESTAAM-Universidad Autónoma Chapingo. México. p. 52.
Trujillo, A. J. 2002. Inocuidad y productos orgánicos en México. Seminario latinoamericano: producción, comercialización y certificación en agricultura orgánica. 1ra edición. CIESTAAM-Universidad Autónoma Chapingo. México. p. 71.
Urbano, T. P. 1992. Tratado de fitotecnia general. Ed. Mundi-Prensa. 2da edición. España. p. 363.
Vilá, B. C. 1996. Nueva agricultura biológica. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 90-91 y 191.
www.proexant.org.ec/abonos_orgánicos.html.
Alsina, G. L. 1976. Horticultura general. Ed. Síntesis S. A. España. p. 108.
Angulo, B. A. y C. R. Núñez. 2002. Control de plagas y enfermedades. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Agosto 31. Ed. Agro síntesis, S. A. de C. V. pp. 22-27.
Avendaño, R. B y M. S. Lugo. 2005. El impacto de la inocuidad alimentaria en la producción de hortalizas en Baja California. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Bahena, J. F. 1992. Liberación y parasitismo de copidosoma densantis (Hymenoptera encytidae). Ed. Imprenta Santiago Plaza Tek. Texcoco, México. pp. 18-19.
Buckman, O. H y N. C. Brady. 1997. Naturaleza y propiedades de los suelos. Ed. Montaner y Simón. España. p. 528.
Devere, B. L. 2000. Agrociencia y tecnología. Ed. Paraninfo Madrid. España. pp. 122-123.
Dhu, D. M. 2002. La certificación orgánica y la exportación de productos orgánicos a los Estados Unidos. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Ed. Agro síntesis, S. A. de C. V. México, D. F. pp. 18-22.
Fuentes, Y. J. L. 1999. Manual práctico sobre utilización de suelo y fertilizantes. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 52-53.
Gobierno del Estado de Baja California Sur. 1997. Agricultura orgánica. Universidad Autónoma de Baja California Sur. México. p. 7.
Gonzáles, N. J. F. 2002. El impacto de la inocuidad alimentaria de EE UU. En: Revista Hortalizas, Frutas y Flores. Ed. Agro Síntesis, S. A. de C. V. México, D. F. p. 6.
Gómez, T. L., C. M. Gómez y G. A. Lobato. 2005. La agricultura orgánica en el estado de Sinaloa. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Granados, S. D. y R. G. López. 1996. Agroecología. Universidad Autónoma Chapingo. 1ra. edición. México. pp. 368-369.
Jiménez, D. R. M y E. J. Lamo. 1998. Agricultura sostenible. Ed. Mundi-prensa. España. p. 35.
Labrador, M. J. 1996. La materia orgánica en los agrosistemas. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 104-106 y 295-296.
Lampkin, N. 1998. Nueva agricultura biológica. Ed. Mundi-prensa. 2da edición. España. p. 363.
Lobato, G. A. J., C. M. Gómez, T. L. Gómez y A. Meraz. 2005. Los productos hortofrutícolas y la red mexicana de tianguis y mercados orgánicos. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Olea, B. H. 1997. Perspectiva de la agricultura orgánica en la producción de hortalizas. Tesis. Universidad de Sonora. p. 16.
Padilla, B. L. E y V. O. Pérez. 2005. Detectando las preferencias del consumidor regional de Frutas y Hortalizas orgánicas. Memorias del V Congreso Internacional de la Red de Investigación Socioeconómica en Hortalizas, Frutas y Flores. Tijuana y Mexicali, Baja California, México.
Porta, J., M. López y C. R. Acevedo. 1999. Edafología para la agricultura y el medio ambiente. Ed. Mundi-Prensa. 2da edición. España. p. 184.
Ruiz, R. D. M. 2002. La lombricultura como una alternativa sustentable y económica para la transformación y reutilización de los desechos orgánicos. Tesis. Universidad de Sonora. p. 7.
Seoánez, C. M. 1999. Residuos: problemática, descripción, manejo, aprovechamiento y destrucción. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 52-53.
Soqui, L. A. 2002. Digestión anaeróbica de desechos orgánicos: reciclaje integral. Revista Biotecnia. Vol. 4. Hermosillo, Sonora. pp. 34-38.
Sosa, M. L. 2002. Certimex: una experiencia mexicana de certificación de productos y procesos ecológicos. Seminario latinoamericano: producción, comercialización y certificación en agricultura orgánica. 1ra edición. CIESTAAM-Universidad Autónoma Chapingo. México. p. 52.
Trujillo, A. J. 2002. Inocuidad y productos orgánicos en México. Seminario latinoamericano: producción, comercialización y certificación en agricultura orgánica. 1ra edición. CIESTAAM-Universidad Autónoma Chapingo. México. p. 71.
Urbano, T. P. 1992. Tratado de fitotecnia general. Ed. Mundi-Prensa. 2da edición. España. p. 363.
Vilá, B. C. 1996. Nueva agricultura biológica. Ed. Mundi-Prensa. España. pp. 90-91 y 191.
www.proexant.org.ec/abonos_orgánicos.html.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)